Corea del Norte, China y Japón
Corea del Norte ha lanzado varios misiles de prueba en las aguas de Japón.Naturalmente, esto ha tensionado sus relaciones diplomáticas, ya de por sí deterioradas, con Japón y EE.UU. cuyo presidente, recordemos, ya incluyó al régimen de Corea del Norte en el “eje del mal”.
Y las tensiones geopolíticas no son del agrado de los mercados, que han reaccionado a la baja. Pero hay algo más detrás de todo esto. Una partida de ajedrez que, lentamente, se está desarrollando en el Extremo Oriente, y en el que Corea del Norte no es más que un peón.
Naturalmente, la supuesta capacidad nuclear de Corea del Norte, las supuestas posibilidades de alcance superior a los 10.000Km de sus nuevos misiles y el carácter totalitario y unipersonal del régimen norcoreano hacen que cualquier decisión al respecto del país sea mucho más sopesada internacionalmente que con otros países.
Aunque también es probable que el hecho de que los misiles tengan posibilidades de alcanzar territorio estadounidense lleven a una crisis diplomática.
Pero hay otras cuestiones en juego. Corea cuenta con el apoyo o, al menos, el “laissez faire” de China.
Cuando todos los países importantes han condenado las pruebas (incluido Rusia), China tan sólo se ha mostrado “preocupada” y ha “reclamado a todas las partes que se mantengan en calma”.
El Banco Mundial acaba de nominar a China como la cuarta potencia económica del planeta por PIB tras EE.UU., Japón y Alemania.
Pero, lo que es más importante, la economía China es actualmente un importante sostén a la estadounidense, y ambos países lo saben.
El superávit comercial conseguido por China, con sus bajos costes de producción y una divisa infravalorada, lo están reinvirtiendo en la deuda pública de EE.UU., un país con un déficit por cuenta corriente superior al 7% y un déficit público bien por encima del 3% que en la UE sirve para denostar la política fiscal de Alemania o Francia.
En este contexto, el factor fundamental que ahora mismo sostiene a la economía estadounidense es el de su principal producto: el billete verde.
Un producto que han venido produciendo de forma masiva para financiar su déficit y para el que han seguido encontrado compradores, que continúan confiando en su fuerza como principal divisa del planeta.
Entre esos compradores están la práctica totalidad de países asiáticos, muy fuertes generadores de ahorro. Japón ya venía invirtiendo en deuda pública de EE.UU. desde hace muchos años. Pero la nueva incorporación a este elenco de “clientes” ha sido China.
De forma que China vende sus productos a EE.UU. y, con ese dinero, compra dólares y deuda pública estadounidense. De esta forma, contribuye a mantener un yuan infravalorado respecto al dólar, lo que les facilita seguir exportando y seguir con esta rueda.
Pero también de esta forma EE.UU. financia sus abultados déficits y aplaca las tensiones inflacionistas que debieran generar los continuados aumentos de dos dígitos de la masa monetaria.
Así se explica la benevolencia con que EE.UU. está soportando el éxodo de empresas manufactureras al Extremo Oriente en general y China en particular, tan sólo alterada por eventuales iniciativas diplomáticas para que China aprecia el yuan e iniciativas “pre-legislativas” de senadores estadounidenses.
Respecto a la UE, suponiendo que exista en materia de política exterior, China está emergiendo a gran velocidad como futuro socio comercial de referencia en Extremo Oriente.
Es, en ese contexto, en el que se está jugando la verdadera partida de ajedrez: la hegemonía geoestratégica en la zona.
China está discutiendo para sí el papel hegemónico que viene ejerciendo Japón desde la Segunda Guerra Mundial. Y, como vemos, tiene importantes bazas para ello.
Como en cualquier partida de ajedrez entre jugadores avezados, no se deben esperar grandes acontecimientos de ninguna jugada en particular y, de igual forma, la situación en el tablero irá evolucionando con cada movimiento.
China acaba de hacer uno.

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